P&W insurgentes

Fui con mi esposo a cenar, el sitio parece un prostíbulo disfrazado de buen restaurante, las meseras con poca ropa reciben a los clientes de beso, los llevan de la mano a la mesa, les pasan la mano por los hombros, toman de su bebida , prueban sus platillos, intercambian teléfonos y se quedan ahí paradas haciéndoles la plática, a mi me incómodo mucho la situación. Lástima por que el sitio es agradable y la comida excelente.

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