María y su Bici, Querétaro

Habíamos encontrado buenas referencias de este lugar en internet, por lo que decidimos buscarlo y reservar para este 15 de septiembre. La decoración, no lo puedo negar, es agradable, pintoresca y muy mexicana. Este lugar presume de mezcalería y comida oaxaqueña, por lo que cual fue nuestra sorpresa al llegar que no había ni carta de mezcales. La cena incluía un mezcal de coretesía, al preguntar cual era solamente nos dijeron “es el de la casa”, lo cual no era cierto ya que nos sirvieron tres mezcales diferentes (éramos tres personas), y a regañadientes, ya que nos lo querían dar al final de la cena (¿qué no se supone abre el apetito?), Las naranjas y la sal de gusano (era chile piquín) se cobró aparte. Al preguntarle por qué otros mezcales tenía, nos trajo una canasta llena de botellas donde no nos supieron decir ni cual era cual, cual costaba qué (solo los dijo al “ahí se va” por que incluso volvimos a preguntarle dándonos precios distintos a los previos), ni de donde venía, ni si era joven, añejo, etc. La entrada de la cena: dos tostadas una de pata y una de tinga, bastante decente. El plato fuerte, mole con pollo o pozole. el pozole sin una pizca de sabor, pura agua y maíz, El mole sin presentación alguna (lo sirve más bonito el comedor de la empresa en la que trabajo). Atención nula, carísimo, servicio pésimo. Lástima de lugar, desangelado totalmente el personal y el servicio.

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