Aceite de oliva

Aceite de oliva

Desde tiempos inmemoriales se conoce el uso del aceite en la cocina, los griegos y romanos le daban diferentes usos como cosméticos y medicinales. Es interesante conocer y saber “catar” los distintos tipos de aceites de oliva para poder aplicarlos con éxito en la cocina. La forma más sencilla de saborear un buen aceite es sobre un pan tostado recién elaborado. Las distintas variedades y los diversos grados de maduración del fruto proporcionan distintos aromas y sabores de distinta intensidad.

El aceite Extra Virgen tiene diferentes formas de ser aplicado a los alimentos:

En los crudos, sólo se añade aroma proveniente del “jugo de la aceituna”

Para aderezos y acabados de todo tipo de guisados y asados de carne, pescado o vegetales se utilizan aceites vírgenes de aromas intensos, frutos verdes. Esto le da un toque perfecto con una pequeña cantidad de producto.

Para salsas tipo mayonesa, cremas y pastelería, que son sabores delicados, hay que elegir aceites más apagados, de variedades suaves o “frutados maduros” donde no predomine el sabor amargo ni los residuos del mismo.

Por último tenemos el llamado “aceite de oliva”, la mezcla de refinado y virgen que aporta poco sabor y olor, pero procede de la aceituna y tiene su porcentaje de virgen.

El aceite de oliva es ideal para freír los alimentos ya que tiene un menor tiempo de actuación de la grasa al momento de la cocción, soporta mejor que ningún otro las altas temperaturas sin alterarse, forma una capa más fina y consistente alrededor del alimento a freír lo que impide la absorción de más aceite.

El aceite de oliva virgen es tolerante con otros aromas, macerando distintas hierbas, se obtienen una gama de aceites “personalizados” ideales para utilizar en aderezos y asados de carnes u otros.

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